Cristina Peri Rossi, primera mujer que gana el Loewe de Poesía
De los cuatro días que Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) pasó en un cuarto de urgencias con muchos enfermos y ninguna cortina nació el poema Hospital de San Pau. Y del embarazoso encuentro con un colega profesor en un sex-shop de Barcelona surgió otro. Y así, de una sucesión de anécdotas y vivencias, brotó Play Station, el poemario que ayer conquistó el Premio Loewe, creado hace 21 años. Por vez primera, ha ido a manos de una mujer, algo que añadió una emoción adicional a la ganadora, feminista y batalladora de un sinfín de causas, empezando por la dictadura uruguaya que le obligó a exiliarse en España desde 1974.


Se sigue autotitulando “exiliada” después de 20 años de vivir en España y haber adoptado la nacionalidad.
Hace mucho que volvió la democracia a su país, pero parece que a Cristina Peri Rossi le aumenta el raiting mediático seguir ostentándose bajo una definición casposa y ya sin sentido, como el simpático Andrés Neuman boy.
Ayer la heróica Peri Rossi fue juez (de otro concurso, el Torrevieja) y hoy (a cinco días de aquel) es parte (ganadora) de otro, el Loewe. Su ganador de ayer, Jaime Siles, es su dictaminador de hoy.
Algo huele a podrido, pero no en Dinamarca.
Es la ética de los altos ejecutivos de la literatura que se intercambian favores en efectivo.
Que premio tan decadente, el Loewe, qué insulto a la inteligencia de quienes vemos pasar de mano en mano (las mismas de siempre) ese premio.
Hace mucho que volvió la democracia a su país, pero parece que a Cristina Peri Rossi le aumenta el raiting mediático seguir ostentándose bajo una definición casposa y ya sin sentido, como el simpático Andrés Neuman boy.
Ayer la heróica Peri Rossi fue juez (de otro concurso, el Torrevieja) y hoy (a cinco días de aquel) es parte (ganadora) de otro, el Loewe. Su ganador de ayer, Jaime Siles, es su dictaminador de hoy.
Algo huele a podrido, pero no en Dinamarca.
Es la ética de los altos ejecutivos de la literatura que se intercambian favores en efectivo.
Que premio tan decadente, el Loewe, qué insulto a la inteligencia de quienes vemos pasar de mano en mano (las mismas de siempre) ese premio.